Bienvenidos al mundo de la Revista Literatura Mental, un espacio de narrativas que nos hacen pensar y amar la escritura. Vamos a partir con la breve reseña académica del cuento La Hermandad de la Noche (Steven Millhauser, 1994). La autora, Nicole Salvatierra, hace una lectura a partir desde la coerción que impone el mundo adulto y patriarcal a las mujeres adolescentes que se refugian en el bosque. Aunque ¿cuáles son los límites de la moral de una tribu? ¿Por qué el secreto permanece?
Ojo: para una próxima vez, Nicole promete hacer un texto con otro punto de vista: a partir de su experiencia con el parto y el puerperio, ya que este cuento apareció en su cabeza espontáneamente durante esos días.
Un secreto adolescente que encierra a los padres

Muchachas entre 12 y 15 años se reúnen al caer el día en diferentes sitios para practicar un voto de silencio, o según creen sus padres, quizás ritos eróticos bajo la luz de la luna.
“Sabemos que solo salen y regresan de noche. Sabemos que buscan lugares oscuros y secretos, como casas abandonadas, sótanos de iglesias, cementerios y el bosque del norte de la ciudad. Sabemos, o creemos saber, que han hecho un voto de silencio”.
El secreto que guarda esta tribu femenina pudiera ser un espacio de pertenencia para las adolescentes recelosas de su intimidad, con márgenes que excluyen a quienes las han criado bajo un modelo de clase media conservadora que reprime la naturaleza de las mujeres adolescentes con tabúes en temas sexualidad, introspección e intimidad. Los padres han perdido su autoridad y las jóvenes detentan la libertad, aunque replicando un modelo jerárquico. Con ello, se develan las dudas ante esta etapa y resulta complejo para el lector definir qué es lo prohibido.
Antes de incursionar en esta exploración literaria, cabe señalar que el escritor estadounidense Steven Millhauser – Premio Pulitzer de Ficción por su cuarta novela, Martin Dressler en 1997-, es conocido por su atracción hacia el secreto, según consigna una entrevista en Clarin (2020).
Me siento atraído hacia el secreto, en parte por temperamento y en parte por convicción. En primer lugar, es una forma de protección; existen muchos modos en que una obra de arte puede ser dañada durante el largo acto de su creación. Y ahora se me ocurre que el secretismo es también el elemento natural de los criminales. Quizá los dos aspectos son finalmente lo mismo: lo que quiero proteger es mi libertad de entrar en territorio prohibido.
Justamente, la escritura del cuento está estructurada como un informe policial que expone las piezas para armar el puzzle. Uno que no termina de calzar, uno que es encubierto por las/os involucradas/os.
Mediante fragmentos se exponen hechos desde diversos puntos de vista, aunque narrados en la voz de un padre que está constantemente interpretando, describiendo la intriga y frustración que los mantiene en un espacio psíquico vacío, sin respuestas y sin poder acercarse al misterio, del cual también son parte. Comenzamos a despertar por la noche, preguntándonos en qué les habíamos fallado a nuestras hijas…
Podríamos reflexionar que ante una etapa definida como rebelde -de inquietudes, deseo de conocer aquello que no está permitido, despertar de la sexualidad, búsqueda de identidad, el silencio de jóvenes que se encierran en su habitación, la sobreprotección y censura a quienes “se convierten en mujeres” y están expuestas al peligro de la sociedad machista, entre otras características asignadas a esta fase- hay una anulación de la adolescente como persona individual, fuera de la relación jerárquica padre/madre – hija. La falla está en la incapacidad de aceptar, ver o querer ver la autonomía de una ser humana. Sin embargo ¿hasta qué punto la hermandad es un espacio de desarrollo personal/moral que sí permite esto?
Cuestionar el orden social de la tribu es una desobediencia y traición, algo que se refleja en un episodio entre las integrantes que termina en tragedias. Los testimonios de las adolescentes, narrados siempre en la voz parental, aparecen cuando Mary Warren habla en defensa de la hermandad noble y pura consagrada al silencio, voto que Emily Gehring rompió al describir -retractándose después-, un funcionamiento sectario de la sociedad, de la cual aparentemente fue desterrada. Aquí hay un punto oscuro de la hermandad:
“En respuesta a estas acusaciones, que escandalizaron a nuestra comunidad, Mary Warren presentó una refutación detallada que se publicó el 4 de junio en el Town Reporter. Comenzaba diciendo que el silencio absoluto era la norma de la Hermandad y que cualquier declaración sobre el grupo era castigada con la expulsión instantánea. No obstante, el ataque de Emily Gehring la había convencido de que debía hablar en defensa de la Hermandad, aun a costa de la expulsión”.
La figura tradicional del castigo también es aplicada por las propias adolescentes cuando se quiebran las normas creadas por su sociedad. Incluso, el silencio toma más fuerza y peligrosidad ante los suicidios de adolescentes que mueren con el secreto, decisión que se realiza después de haber sido nombradas en el intercambio de entredichos de sus afiliadas.
Efectivamente, podría sospecharse que la obra habla de peligrosas características sectarias, aunque esta es una cita que como todo el texto está al borde de lo que se podría considerar adecuado/inadecuado:
Las muchachas siempre se quitaban la camisa, se acariciaban y se besaban; a veces se pintaban los senos con serpientes y símbolos extraños, e iniciaban a otras en sus prácticas secretas.
Igualmente, es posible dilucidar que detrás del reproche opera el sistema patriarcal que quiere someter el cuerpo y la emancipación femenina. A las jóvenes, soberanas de sus vidas al anochecer, se les señala como brujas iniciadoras de ritos, una lectura antifeminista frente a las agrupaciones de mujeres. A su vez, podría ser el rescate del sentido de tribu como un regreso a lo ancestral, junto a prácticas para manifestar la existencia y pertenencia a una etapa vital.
Podríamos decir que La Hermandad de la noche es un texto literario que más allá de la desconexión entre padres y adolescentes, quienes buscan su propio espacio para vivir la independencia, temida por adultos incapaces de comunicarse con las hijas. Es también un conflicto que tiene como punto común la desconfianza y la derivación del misterio como refugio ante la dificultad de aceptar una verdad.
Ante ello el lector tiene el desafío de intentar descifrar, mediante un rol interpretativo que lo identifique o cuestione, aquello que se esconde bajo su mirada sobre la etapa adolescente. ¿Desde qué espacio moral resuelve esta historia? Antes cabe preguntarse qué es aquello que realmente se oculta en el cuento. ¿Es posible descubrirlo?
Las especulaciones generan una incógnita dentro y fuera de la obra. Con relación a este tópico literario, en la conferencia “La conciencia narrativa”, Juan Villoro se refiere a la novela que apuesta por un “misterio superior” que no queda resuelto, a diferencia de una de índole policiaca donde sí se conoce al “culpable”.
“De acuerdo con Javier Cercas, la novela no es un entretenimiento o no es solo eso, es sobre todo una herramienta de investigación existencial, un utensilio del conocimiento humano; y ante las grandes preguntas morales, lo decisivo no es tener respuestas unívocas, sino seguir haciendo preguntas”.[1]
Para ir haciéndose esas interrogantes, el planteamiento puede enmarcarse en lo que señala Terry Eagleton en función a que la gente hace con lo escrito lo que lo escrito hace con la gente. La Hermandad de la Noche es una literatura que se relaciona con la forma en que se percibe el mundo. Los juicios de valor se ven contrariados ante una dinámica que podría catalogarse como “rara” o “enferma”, según el discurso cultural y la ideología en la que se mueve una sociedad.
“La estructura de valores (oculta en gran parte) que da forma a cimientos de la enunciación de un hecho constituye parte de lo que se quiere decir con el término “ideología” las formas en que decimos y creemos se conecta con la estructura de poder o con las relaciones de poder en la sociedad en la cual vivimos”[2].
Otras de las preguntas son ¿por qué el sistema patriarcal considera inadecuada la libertad en la adolescencia? ¿qué modelo con enfoque de derechos puede responder esta interrogante, en las diversas etapas de la vida femenina? ¿hasta qué edad se cría?
Las respuestas no vienen enseguida. El narrador constatará, abrumado y nostálgico, que la hermandad crece día a día, que ya está empoderada, y que no sabemos si es peligrosa o sabia. Sin embargo, el secreto está en la incapacidad de ver aquello que está latente:
Si creo que al fin he descubierto la auténtica explicación, la que deberíamos haber visto desde el principio, no es porque sepa algo que los demás no saben. Es porque mi explicación honra lo desconocido y lo invisible, lo tiene en cuenta como parte de lo que conocemos. Pues es precisamente el elemento de lo desconocido, que tanto peso tiene en este caso, el que debe formar parte de cualquier solución.
Conformar una hermandad y reunirse en la oscuridad es separarse de la sociedad, hacerse invisibles, tal vez una reivindicación del derecho a descubrir, a existir bajo escenarios propios, privados, con valores disruptivos ante padres que también fueron adolescentes, y que ahora adultos están entre mirar o no querer mirar lo que sus hijas viven y esconden … en lo que pueden hacer y llegar a convertirse. Quizá la respuesta al secreto es desechar la ilusión de extender el lazo inocente con la niñez, o aceptar nunca descifrarlo, acallar las dudas sobre el comportamiento moral que adoptamos camino a la adultez.
[1] Canal Museo Malba. (3 de julio de 2018). Juan Villoro — Conferencia La conciencia narrativa
[Archivo de Vídeo]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=jaAPNN2KD9c
[2] Eagleton, T. (1998). Una introducción a la teoría literaria. Fondo de Cultura Económica


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