Por Marcela Naranjo
Mi ingreso a la clínica fue violento. Eso recuerdo. Jenny y mamá me habían prometido que no me dejarían internada. Que solo era una revisión. Yo solo quería ver a Juan. Yo solo quería volver a estar con él. No importaba que al final no pasara nada. Que solo fueran besos. Eso me bastaba.
Llevaba varios días sin dormir y me pesaban los ojos. La espera parecía eterna y yo no quería esperar más. Jenny y mamá no sabían qué hacer porque yo estaba cada vez más irritable y me quería ir. En esos momentos nunca pensé en Helena. Nunca.
Nunca pensé en que ni me había despedido de ella. Creo que ese día la deje en el jardín y ni un beso le di. Ya no era más su mamá. Estaba tan cansada. Hace rato que quería unas vacaciones de la vida. Ya no quería tener que pensar en nuestro futuro, dónde viviríamos o si debía buscar otro trabajo.
Sigo en la sala de espera. Sigo sin entender por qué ven mal que tenga más energía, que esté mucho más creativa y que me haya conectado con mi parte espiritual. Sigo escuchando con atención mi voz interior y obedezco cada vez que me dice que regale ese billete de diez mil al portero o que por un día deje de comer por todos los que sufren.
Ya no lo debato. Me siguen pesando los ojos y solo quiero irme. Nunca me había sentido tan lucida y conectada con la vida. Y me sentía tan conectada con la vida que ya no le temía a la muerte. Siempre la había añorado. Me dolía existir y por eso nunca fue un plan ser madre. No quería ataduras.
Pero lo fui o ¿lo soy? Ya no quiero serlo. Quiero irme. Quiero irme del mundo. Esta euforia que siento al sentirme una con el universo vale más que el querer ser la mamá de Helena. Ella estará bien. A todos les he dicho que la cuiden. Que ella es buena.
Por fin sale un siquiatra. Me pregunta qué me trae acá. Yo le digo que todo está perfecto. Me pregunta si he atentado contra mi vida o lo he considerado. Dudo en responder, pero como ya no importa nada le digo que sí. Y así logré mi tiempo a solas. Ya no sería la madre, ni tendría que resolver mi vida. Juan tal vez me esperaría. Así sea solo por los besos.


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