Por Nicole Salvatierra León
En 2020, Emmanuel Carrère escribió su historia de locura en primera persona. Se trata de Yoga (Anagrama, 2020), texto donde nos muestra una intimidad profunda sobre su duro proceso psíquico. Junto con ello, el galardonado de la literatura francesa y mundial, detalla el proceso escritural que adquirió el libro -ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2021-, luego de su internación en el hospital de Saint Anne.
Lo que pensaba ser un “ensayo sutil y risueño sobre el yoga”, alejado de manuales de autoayuda y gimnasia, se convirtió en una obra que parece develarnos a dos Emmanuel Carrère en simultáneo a simple vista, opuestos. Yoga es una producción textual que se escapa del “corsé de los géneros”, y que, hay que decir, también captó la atención de la prensa tras la polémica judicial del autor con su exesposa Hélène Devynck, quien prohibió ser nombrada en las creaciones del parisino.
Meditación y medicación: cómo la subjetividad se instala en el cuerpo
Quien lea Yoga, libro que mantiene la voz intelectual, radicalmente sincera y con cuotas de humor del autor, conocerá por un lado la experiencia de tres décadas de práctica en disciplinas orientales, y por otro, la disruptiva llegada de la locura, tal como Carrère llama a su internación psiquiátrica por depresión bipolar en 2016. El libro ensambla ambas realidades autobiográficas en un relato detallado y reflexivo.
Sumergirnos en este terreno íntimo, abstracto e inmaterial que es una vivencia de desorden psíquico, nos conecta con la profunda subjetividad del protagonista, quien a través del cuerpo canaliza/templa/ordena el dolor emocional y mental, a través de la meditación y la medicación.
Ambas situaciones vitales están plasmadas en diferentes pasajes del texto, donde se transmite el uso del cuerpo como soporte de las experiencias que no se pueden palpar. En el primer punto, el de la meditación, es interesante consignar lo que el protagonista dice acerca de este ejercicio . Hay reflexiones abstractas y también sencillas, como el.simple hecho de que el momento de meditar ocurre cotidianamente. Incluso cuando se va a «cagar»:
“La meditación es todo lo que ocurre interiormente durante el tiempo en que permaneces sentado, inmóvil y en silencio. El aburrimiento es meditación. El dolor en las rodillas, en la espalda, en la nuca es meditación (…) Si se hace regularmente, diez, veinte minutos, media hora al día, lo que ocurre durante el tiempo en el que estás sentado, inmóvil y en silencio cambia. La postura cambia. La respiración cambia”.
A lo largo del libro, aparecerá un listado de instancias cotidianas en las que el cuerpo alcanza este estado. Inclusive, Carrère consigna el acto de “mear y cagar”, ya que el cuerpo permanece inmóvil y concentrado sobre el retrete. Para continuar en el punto de la meditación, es preciso señalar que el libro inicia con un retiro de yoga, en el que el autor debe permanecer en silencio por más de una semana, sin siquiera interactuar con los otros participantes.
Carrère pone a prueba su mente y sus sentidos, sin embargo esta tarea se ve interrumpida cuando es avisado del atentado yihadista a la redacción de Charlie Hebdo (2015), donde resulta muerto un amigo. La revista satírica había publicado caricaturas del líder religioso iraní, Ali Jameneí. El escritor, quien durante el retiro experimenta ansiedad y dificultad para realizar asanas, vuelve a París para los funerales.
El hecho es una antesala del decaimiento anímico que está experimentando el protagonista. Una melancolía y cansancio que le impide desplazarse en su calidad de sujeto/cuerpo a un punto en que se detienen acciones cotidianas, como salir de la cama y ducharse. Será una realidad que, según narra él mismo, merma su voluntad y quiebra su concepto de “hombre estable”.En el apartado “Historia de mi locura” se hace referencia detallada del episodio depresivo que derivó a una internación psiquiátrica.
En esta temporalidad, el autor no tuvo dominio total de su corporalidad, al estar medicado. Esto incluyó terapia electroconvulsiva (TEC). “Cuando recuperaba la conciencia estaba acostado en una camilla. Había a mi alrededor otras camillas, otros pacientes tumbados en otras camillas, pero no los veía”. Toda esta intervención corporal y mental tuvo como fin calmar el “dolor moral intolerable” que lo conducía a ideas suicidas, tal como describen los apuntes médicos. En ese aspecto, la ficha psiquiátrica, que se incluye en el libro, también es un testimonio físico que nos permite entender el desbalance químico/psíquico de aquellos días infernales de Carrère. Él nos explica que este padecimiento tiene por nombre trastorno bipolar, una patología que desregula el ánimo, generando periodos con depresiones y euforia, que van de leves a severas.
Sobre el desafío de poder narrar dos realidades que parecen opuestas, como la práctica del yoga relacionada al bienestar, y la locura asociada a una salud mental dañada, el célebre escritor señaló en entrevista con el medio digital El Español (marzo, 2021), que este conjunto de situaciones disímiles son una misma realidad.
“Todos estos elementos un poco disparatados (…) deben estar en este libro porque forman parte de la misma experiencia humana”.
El cuerpo en movimiento
Al salir del hospital, Carrère intenta moverse por espacios físicos y psíquicos aún difusos. Viaja a la Isla Deros, en Grecia, sin un fin concreto. Transita con su cuerpo por los sitios que le ofrece este punto del globo. Da la sensación de que esta es una realidad anímica pantanosa, pesarosa; y nos preguntamos si acaso es posible salir de ese lugar.
Sin clichés, fiel a su objetivo de no romantizar las herramientas a las cuales puede acudir, el autor se desliza hacia un punto de unión de lo que ha experimentado.Ante la pregunta de si acaso la meditación puede franquear puertas de la existencia, como por ejemplo la inexplicable locura o el misterioso cerebro, aparece como referencia el yin y el yang: el complemento de polos opuestos, la integración constante de la luz y las tinieblas que, pese a ser inmateriales, las transportamos en la psiquis y en el cuerpo.

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